Tienes razón. Es hora de avivar las llamas o apagarlas para siempre. Como si mis manos fueran dueñas de mí. No voy a poder decidirte ni cansarte porque me he hecho un hilo tuyo y me muevo con el aire.
Ahora, dices. Ahora tal vez haya que decidir dónde quedarnos. Dónde echarnos a ganar o perder. O desde dónde mirarnos. La lejanía siempre ha tenido cristales vacíos y sucios. La ausencia sigue preñada de columpios y días.
Esto es inmortal, compañero. Mi viajero estático siempre ha perseguido la luz el centelleo y la sombra. Condenarnos. O no.

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